EROTICA / CAPÍTULO 1 (+18)

17:42

Estoy convencido de que esto no va a gustar.

Al menos eso es lo que he estado pensando desde que inicié a escribir esta historia, no obstante, si os he de ser sinceros, he de confesar que he disfrutado muchísimo escribiéndola. Me he sentido en cierta forma liberado, capaz de reflejar lo que quiera en el texto, sin importarme cualquier factor externo que me impida escribir tal cual lo he sentido. Nunca me he tomado tanta libertad a la hora de escribir, y eso en parte me provoca un poco de miedo. 

De esa idea, la de rayar lo obsceno, e inspirado por la lectura de Snuff, de Palahniuk, decidí escribir algo como lo que ahora os traigo: EROTICA. Cuenta la historia de Rocco Star, un actor de porno gay que vive atrapado en una mentira de proporciones épicas. En su camino a la perdición conoce a una mujer que le hará replantearse su propia cordura, lo que nos llevará a un final que quizá nadie lea.

Tengo miedo, no sé qué pensareis de todo esto. Mis familiares saben que tengo miedo de publicar algo así. Hay tantas ideas radicales ahí fuera, que, aunque no lo parezca, tengo miedo de que lean algo como esto. La literatura en parte es una forma de crear historias, y temo que alguien utilice lo que aquí encuentre para hacer daño. Twitter es una herramienta de doble filo y veo opiniones muy ácidas que me hacen replantearme: ¿en qué mundo vivo? ¿Puede que alguien ahí fuera sobre-analice el contenido de este relato y lo subraye en un mal acto de ofensa pública? ¿Me tacharan a mí de machista, homofóbico o incluso terrorista por las ideas que puedan tener algunos de mis personajes? 

Y al fin, tras mucho pensar, tengo respuesta a todas esas preguntas: me da igual. No hay que poner límites, hay que poder escribir cosas incomodas, tratar la realidad con la misma frialdad que esta nos trata a nosotros. Ser completamente transparentes y sinceros con nosotros mismos, y evitar ante todo sentir miedo. 

Si no te gusta no lo leas, nadie te obligará a hacerlo.
Pero si te pica la curiosidad, adelante: sabes de sobras que mis historias son tan solo para ti.


Y si más dilación …




Mi nombre es Rocco Star, y puedes encontrarme sin problemas si buscas mi nombre en Google. Soy la última estrella del porno gay bajo demanda, y mi polla está enmarcada en los carteles de una decena de títulos, como Papá ha vuelto o En tu salpicadero, así como en mi opera prima, Lo que esconde Rocco.  Estoy atrapado en el ojo de un huracán de contratos que se presentan ante mí de forma asfixiante, y mi representante insiste en que las oportunidades serán infinitaS siempre que conserve esa carita de niño bueno y unos abdominales de acero. Lo cierto es que no sé muy bien como he acabado aquí. Ni si quiera soy gay. Lo que a mí realmente me la levanta es la pasta. Y la viagra inyectada. Sobretodo esta última.

Todo empezó hace dos años, me había parecido sensato emigrar de un país del norte de Europa al gran continente americano con muy poco dinero ahorrado, avalado en cierta forma por unos prometedores e-mails que había estado recibiendo desde hacía un tiempo. Mi hermana, dada a las artes esotéricas, me había echado las cartas en varias ocasiones y la opinión astral coincidía: iba a tener mucho éxito. Tentado por el sueño de convertirme en una estrella del cine o algo que se le pareciera decidí abandonar mi hogar llevando conmigo una pequeña maleta de mano, cinco mil euros en un sobre sobre el que estaba anotada la palabra mamá, y una tarjeta de crédito que iba a salir muy cara. En mi defensa he de decir que antes de aventurarme en esa increíble epopeya ignoraba la crueldad con la que puede tratarte el mundo, así como la forma en la que todo puede derrumbarse si declinas realizar una mamada a la persona equivocada.   

Eso fue lo que me pasó a mí. Ese falo arrugado y venoso lleno de pelo púbico entrecano fue el muro que me separó de mi meta. Tengo pesadillas esporádicas con ese viejo relamiéndose tras su despacho, esperando a que mis labios abrazaran su feo pene, con ese extraño brillo en su mirada que de reojo observaba el contrato millonario que había puesto sobre la mesa. Resulta irónico, si lo piensas, que haya acabado de esta forma por culpa de esa decisión, aún sin catalogar en la lista de buenas o malas elecciones que he tomado en vida. En ocasiones me permito fantasear en como hubiese sido todo en una realidad totalmente diferente, y es entonces cuando cuestiono al Rocco del pasado, a sabiendas que el Rocco del futuro se hubiese arrodillado sin dudarlo. 

Tardé apenas tres meses desde mi llegada en gastarme todo el dinero. La tarjeta de crédito agonizaba y con ello cualquier expectativa de éxito. El sueño americano me estaba ahogando lentamente y tenía que buscar una solución, por muy descabellada que pareciera, así que busqué trabajo fácil con el que mantenerme vivo, al menos hasta que encontrara un nuevo representante. Durante un tiempo fui empleado de una vieja mujer asiática que regentaba un pequeño spa frente a la playa. Apenas hablaba inglés, pero términos aislados como inútil o subnormal los decía perfectamente, con un deje asiático en su acento, haciendo que aquellas palabras sonaran aún más despectivas si cabe. A su lado siempre iba otra mujer, mucho más joven, también asiática, llamada Mei. Su aspecto era puro, bello y tremendamente tentador, no obstante había algo aterrador en ella. Movía los labios traduciendo a la vieja de una forma extraña y sincronizada, como si leyera la mente de la mujer. Daba incluso miedo observarla directamente a la cara pues sus enormes ojos azules parecían leer también mis propios pensamientos, los cuales, sin escrúpulos en reconocerlo, la imaginaban cada noche desnuda en mi lecho gimiendo para mi. Conocí quién era el ventrílocuo y quién el muñeco algo más tarde, cuando me descubrieron metiéndosela por detrás a la interprete, encima de la tabla de masajes, ambos untados en el aceite que la vieja importaba desde china. Me despidieron ipso facto sin apenas permitir que me pusiera la ropa de nuevo. Mei, en cambio, continúa al lado de su antipática madre, ambas entrelazadas en un destino que parece inquebrantable.

Más tarde trabajé en una cadena de comida rápida, pero en uno de mis descansos empecé a chatear con una chica a través de Snapchat y aproveché para desabrocharme el pantalón y hacerme una buena paja. Tuve la mala suerte de que esas fotos llegaran a manos de mi jefe, quien me despidió alegando que el logo de la compañía aparecía en tales documentos, impreso en la camiseta que llevaba puesta durante mi sesión de sexting.  Desesperado probé de mensajero, camarero y vendedor ambulante. Había dejado de hablar con mi familia en mi empeño de que ignoraran mi situación, incapaz de continuar agrandando la mentira de estar grabando una serie que estrenarían pronto a través de Netflix. Había colgado el teléfono de forma súbita en más de una ocasión, cuando me daba cuenta que había cometido algún error en mi relato, temiendo que con alguno de ellos mi hermana descubriera la verdad de todo lo que estaba sucediendo en mi vida. Pero en la práctica ella parecía una ingenua, demostrando entusiasmo con cada uno de mis engaños. Las cartas lo dijeron, hermano. Tendrás muchísimo éxito. Repetía constantemente, intentando consolarme al notar la tristeza que bañaba mi voz algunas veces.

Fue un día frío de febrero cuando sonó el teléfono a las nueve y treinta y tres de la mañana. Al abrir los ojos noté los efectos de una increíble resaca azotando mi cerebro, y aunque lo intenté no fui capaz de descolgarlo. Instantes después me llegó una notificación: habían dejado un mensaje de voz.

“Buenos días, mi nombre es Wendy Skargöry. Me he hecho con tu book de fotos casi por casualidad. Lo cierto es que eres todo un bomboncito pelirrojo, aunque te cortaría el pelo. Los hombres no deben llevar el pelo largo. Escucha, ni si quiera sé si este continúa siendo tu teléfono, pero si eres quien creo que eres y aún no has encontrado un representarte te invito a que me llames. Igual podemos encontrar algo para ti.”

Me cité con Wendy Skargöry al día siguiente. Parecía realmente entusiasmada con nuestra reunión en las dos llamadas que intercambiamos tras su mensaje. En ninguna de ellas especificó qué clase de trabajos tenía en mente para mí, pues según sus propias palabras tenía que verme en persona para descubrir mi perfil. Al enviarme su ubicación descubrí que su despacho se encontraba a las afueras, en una pequeña oficina que olía a mugre y tabaco. En cuanto la vi no pude evitar sonreír, pues su voz, rasgada y afónica, describía a la perfección la imagen mental que había creado de ella con tan solo escucharla. Era escuálida, arrugada y demacrada. Con demasiado maquillaje en la cara e infectada por la corriente del glam. Fumaba pitis largos y finos de prostituta, y una boa de color rosa rodeaba su cuello como si de una serpiente real se tratara.

—  Un chico tan guapo como tú no puede estar tan desaprovechado. – me dijo tras varios minutos de conversación banal, sentada desde su asiento, mientras bebía una copa de brandy a sorbos exageradamente lentos. – ¿Te has planteado en alguna ocasión hacer cine x? ¿Tienes acaso lo que hay que tener para sorprender a una damisela como yo? — su dedo índice se movía en círculos dirección a mi paquete.

No podía continuar siendo esclavizado. Estaba cansado de limpiar la mierda del resto y aquella oportunidad era la única aceptable que se me había presentado en mucho tiempo. Cine X, sucio y depravado cine porno para pajilleros en serie, pero cine al fin y al cabo. Dominado por una motivación inexplicable decidí sacar mis diecinueve largos centímetros de carne frente a Wendy y esta dio un suspiro de aceptación, y observó mi miembro durante un largo silencio en el que aprovechó para encenderse un cigarro.

—  Aceptable. – dijo Wendy. – Aunque no lo mejor que he visto. Siéntate y hablemos de las condiciones.

Tras un casting grabado en el que forniqué a una joven rusa de tetas colosales y rostro protésico me volví a reunir con Wendy, quien en parte tenía algunas malas noticias.

—  Verás cariño, has estado sensacional. Kritskova tendrá que ir a un quiropráctico después de tales embestidas, puedes creértelo. He pasado tu vídeo por varias productoras y creen que tienes mucho potencial, pero he de serte totalmente franca respecto a la situación actual, Rocco. Las ofertas son irrisorias, la buena noticia es hay otros niveles del juego que puedes explorar si lo que realmente quieres es triunfar.

La diferencia era abismal. Podía cobrar hasta quince veces más follándome el ojete de un tío que el coño rasurado y dilatado de una actriz porno. Wendy aceptó que no le diera una respuesta inmediata, pero en un momento de debilidad como aquel ella supo que tenía que jugar rápidamente sus cartas. Me invitó a una copa, lo que rápidamente se convirtió en un buffet libre de drogas, en el palco VIP de una de las discotecas más prestigiosas de la ciudad, a la que por cierto habíamos entrado totalmente gratis. Quizá su despacho pareciera demasiado cutre, el cuchitril típico de alguien a quien los negocios no le van muy bien, pero el caso de Wendy era excepcional; ella sabía muy bien en qué invertir su dinero a juzgar por la calidad de su cocaína. Cuando llegué al clímax de mi frenesí ella aprovechó para actuar como la víbora que era. Me habló de riqueza, de eterna juventud. Me contó las maravillas que podíamos realizar juntos y de la forma en la que ambos conseguiríamos éxito en nuestra empresa. Fue entonces, endulzado en la saliva venenosa de aquella mujer, cuando accedí a firmarlo.
Cuando fui consciente de la estrategia que Wendy había usado conmigo enfurecí. Me presenté en su oficina encolerizado y destrocé todo cuando encontraba a mi paso. Pero ella, ajena a mi ira, fumaba totalmente relajada mientras sus ojos grises me observaban. Había firmado un contrato vinculante y la letra pequeña del mismo era concisa: si no prestaba mis servicios como actor tendría que pagar los gastos de producción, los cuales eran desorbitados, y ella sabía a la perfección que su jugada había sido maestra. Estaba arrinconado. 

—  Eres una puta de mucho cuidado, Wendy. Crees que puedes atraparme con esta jugarreta, como si te hubiese vendido mi alma al firmar ese puto contrato. — le dije, sintiendo a su vez que el corazón podía salir en cualquier momento por mi boca. — ¡Te equivocas! ¡Pienso denunciarte!

— Eres tú quien se equivoca, Rocco. – dijo al fin, haciéndose la ofendida. – A diferencia de lo que muchos piensan una mujer puede ver cuando algo realmente vale la pena. Yo tan solo te ofrezco una oportunidad, quizá la última que se te presente. — hizo gestos con su mano para que me sentara, y aunque en ese momento quería salir de allí y dar un fuerte portazo me senté, rendido ante aquella dominatrix energética. – He visto a muchos como tú, vienen aquí y yo lo doy todo en busca de una oportunidad decente, les revelo lo mucho que pueden tener si acordamos un trato y después se sientan ahí, en esa misma silla en la que estás sentado tú ahora mismo, para darme una respuesta. Unos dijeron que no y se fueron, pero otros… — cogió un iPad que escondía en uno de sus cajones y buscó varios perfiles en Facebook. — …otros dijeron que sí. Este de aquí es Tony Jacker, gana aproximadamente 10.000 por rodaje. O este de aquí. – deslizó sus dedos varias veces sobre la pantalla. – Su verdadero nombre es Francis Decadent, y ha conseguido ahorrar para pagar toda su carrera universitaria en Francia en apenas un verano.

Cesó su discurso y se reclinó en su asiento durante unos instantes. Después se levantó y caminó hasta el mini bar, donde cogió una botella de brandi y dos vasos. Llenó ambos y depositó uno frente a mí, dándole un par de empujoncitos con los dedos. 

— Romperé el contrato si realmente es lo que quieres, ¡me importa una mierda! Yo lo único que quería era verte rodeado de gloria.

Aún no puedo explicar cómo, pero evité que Wendy rompiera el contrato. Quizá fue ese extraño acto de piedad que realizó la mujer en una escena completamente teatralizada, cogiendo los documentos que había firmado la noche anterior y arrugándolos con ambas manos, o quizá se tratase de la habilidad innata que poseía para motivar e influir psicológicamente en los demás. Me levanté y le quité el contrato de las manos, para después abrazarlo fuertemente contra mi pecho, consciente de que era la única oportunidad que tenía para seguir a flote, el único bote salvavidas que me alejaría del desastre. Ella alzó su vaso, radiante por su victoria, y tras un torpe brindis salí de allí creyendo que la idea de continuar en ese proyecto era mía, cuando realmente las decisiones siempre las tomaba Wendy en mi lugar. Pero de eso me daría cuenta un tiempo más tarde.

El día antes del rodaje mi nueva representante me provino de un suministro casi ilimitado de viagra. Se cercioró de que no sufría ningún tipo de cardiopatía y recomendó que practicara la noche de antes en casa. Que me pusiera porno gay para intentar evitar el impacto inicial que podría suponer follarme a un hombre por primera vez.

— Y recuerda, te necesito rebosante de esperma para mañana. Evita correrte.

El set de rodaje era mucho más sencillo de lo que llegué a imaginar en un primer momento. Una habitación de paredes blancas con un sofá rojo y una elegante mesa de cristal. Mientras aguardaba en mi camerino la maquilladora aprovechaba para retocar mis abdominales con una especie de maquillaje en spray. De pronto la puerta se abrió y entró por ella un hombre menudo y barbudo, de ceño fruncido y orejas grandes, era el director. Me hizo gestos con la mano para que saliera y una vez fuera tuve que agacharme para poder escuchar a la perfección sus indicaciones.

—  Lo único que quiero por ahora es que te sientes en ese sofá y dejes que Gregor haga su trabajo. Haremos unas cuentas secuencias enfocados en la cara de él, así que puedes cerrar los ojos si quieres. Habrá ayuda visual en esa pantalla de allí. – señaló un televisor de tubo que descansaba frente al set de rodaje en el que dos mujeres disfrutaban de los casi veintiséis centímetros de Giorgo Lucas, la estrella porno de los años noventa. – Y allí. Si la cosa no tira también tenemos a Agatha, hace las mejores mamadas de toda California y seguro que estará encantada de jugar con tu polla. Si necesitas cualquier otra cosa coméntaselo también a ella, el sexo oral no es lo único que se le da bien.

Cuando el director se alejó pegando gritos al resto del equipo Wendy se acercó y me abrazó. Introdujo dos viagras en mi boca y me dio una palmadita en la espalda, indicando que había llegado la prueba de fuego. Gregor entró por una de las puertas de la habitación y al verlo sentí un escalofrío. Era un hombre de casi dos metros, moreno, algo diferente a lo que había visto en las fotos que Wendy me había enseñado. Nos saludamos con un fuerte apretón de manos y cruzamos apenas tres palabras, para después sentarme en ese sofá rojo lleno de manchas de lefa reseca. En cuanto él se llevó mi pene a la boca supe que ya no había vuelta atrás. Poco a poco los efectos de la viagra hicieron efecto y Gregor parecía cada vez más hambriento. Intenté mantener la mirada a la pantalla, imaginando que era una de esas rubias del video la que estaba en esa habitación conmigo, pero no era capaz de visualizar con claridad mis pensamientos. Agatha finalmente tuvo que ayudarme y tras cinco horas de ejercicio cardiovascular logré correrme en el culo de mi compañero. Mi leche deslizándose entre los glúteos de Gregor fue una escena que el propio director admiró por encima del resto, afirmando a su vez que se trataba de la guinda perfecta para el final del proyecto.

Tras una ducha hirviendo salí del baño, escapando de una nube de vaho que se había concentrado entre aquellas cuatro paredes. Wendy estaba esperándome en el camerino mientras fumaba uno de sus característicos cigarrillos. 

— ¿Cómo te sientes ahora, grandullón? – preguntó en un tono casi fraternal. — A ellos les ha encantado.

— Pues yo me siento como una mierda. – contesté, mientras me vestía desganado.

— No hay tiempo para eso ahora. Vístete y guarda bien esto. — me ofreció un sobre, dentro había dos mil dólares netos, las ganancias que obtenía por ese trabajo. — Y no es todo, cada semana nos embolsaremos el treinta por ciento de los beneficios digitales. No es mucho, la piratería no solo jode a los de Hollywood, pero cualquier miseria sera bien recibida. 

De vuelta al despacho Wendy me dejó conducir su coche, otro elemento del pasado que bajo su umbral no parecía en absoluto reminiscente, pero en mitad del trayecto ella empezó a darme indicaciones que acabaron por desviarnos de nuestro destino. Aparcamos frente a las puertas de un local que tenía las puertas cerradas y Wendy golpeó la puerta con uno de sus grandes anillos de metal. El sonido del impacto quedó grabado en mi cerebro durante unos segundos, como una astilla acústica. Instantes más tarde la puerta se abrió y el rostro moreno de una joven de apenas quince años quedó al descubierto.

        — ¿Y tu padre, niña? – preguntó Wendy, sin apenas mirarla.

         Voy a avisarle. – respondió ella, cerrando la puerta de nuevo.

Wendy era una mujer impaciente, y no paró de moverse mientras esperaba a ese hombre desconocido. Tuve la tentación de preguntarle, pero me quedé totalmente el silencio, pues algo en su actitud corporal delataba que no era el momento para las preguntas. Cuando la puerta se abrió de nuevo la mujer lanzó un bufido. Una figura alta y fornida salió del umbral.

— Un día vendrá alguien a ajustarte las cuentas y tu hija acabará salpicada, Fernando. ¿Cómo coño dejas que sea ella quién abra la puerta? – vociferó Wendy a pleno pulmón.

— ¡Tranquila, vieja! Esa niñita no abre la puerta sin tener una pistola tras ella, salió a su papá, la muy diabla. – tenía un acento colombiano muy marcado pero hablaba inglés a la perfección. – ¿A qué viene, maldita loca? ¿Ya se lo acabó todo?

Fernando era, como habrán deducido ya, el camello de Wendy. Durante la transacción ignoró mi presencia, pero antes de que nos marcháramos alzó su mano esperando estrecharla con la mía.

— Mi nombre es Fernando. Lo que necesite le consigo, ya sabe dónde encontrarme. Los amigos de esa vieja loca son también mis amigos.

Era relativamente temprano para una primera raya de coca, pero a ambos nos dio igual. Yo necesitaba un poco de distracción después de mi sesión de sexo marica y ella estaba tan acostumbrada a la droga que aquello no supuso más que la dosis justa para media tarde. Comimos en un McDonalds y después caminamos a lo largo del puerto parándonos de bar en bar en una maratón de chupitos sin fin. Después paramos en la playa y nos fumamos un porro de marihuana que lie sin apenas pestañear, y ella se sorprendió al descubrir otra de mis habilidades ocultas. Finalmente acabamos en la cola de una discoteca junto con dos amigos de mi representante, a los que ella había llamado para que se unieran a la celebración.

— ¡Por Rocco! – brindaron todos por decimotercera vez. La mesa ya estaba a rebosar de botellas vacías y latas de Red Bull y los ánimos cada vez más caldeados. – He visto un teaser de tu peli y tu carrera promete. – dijo el viejo rechoncho que se sentaba junto a Wendy.

Habían estado toda la noche enfrascados en una conversación a dos bandas, discutiendo algo que ni yo ni el otro chico –un tío musculado y tatuado que vestía una camiseta de rejilla y tirantes– estábamos invitados a conocer. El sofá me engullía, o al menos aquello era lo que sentía. Todo a mi alrededor sucedía de una forma acelerada, o quizá fuese yo que lo observaba todo con una voracidad insaciable, y mientras todo sucedía yo continuaba allí, siendo absorbido por ese sofá, con luces a mi alrededor y la sensación de encontrarme en el interior de una habitación que giraba sobre si misma constantemente. De pronto noté que alguien se sentaba a mi lado, el chico musculoso se había sentado junto a mí y me estaba diciendo algo, pero apenas recuerdo el qué. Me sacó la lengua, mostrándome un extraño papel diminuto de color amarillo con forma de banana. Noté sus labios peligrosamente cercanos a los míos, y cuando me dio tiempo a reaccionar su lengua ya estaba dentro de mi. Igual llevábamos ya un tiempo besándonos, los labios me dolían y él tenía su mano en el interior de mi pantalón, que estaba desabrochado. Lo aparté de mi con una de mis manos y me levanté. Miré a mi alrededor, ni Wendy ni su colega parecían haberse percatado de nada. El chico musculoso me miró con dudas, y yo no pude hacer más que estrellar mi puño cerrado contra su cara.. Debí acertar, puesto que sentí un dolor agudo en los nudillos, y sin apenas mirar atrás salí del local dirección al aparcamiento.
Tenía las llaves del coche de Wendy en el bolsillo. Tardé en localizar el vehículo, pero una vez dentro arranqué y pisé a fondo el acelerador. Me sentía sucio, tenía ganas de escupir. Las imágenes de lo sucedido se solapaban unas tras otras ante mí y apenas ponía atención a la conducción. Me salté un semáforo en rojo al girar por una de las calles principales y volví a pisar el acelerador. Casi atropellé a un despistado peatón que cruzaba la calle obsesionado en su smartphone, ajeno a cuanto sucedía a su alrededor. El pitido del claxon le hizo levantar la cabeza de su móvil, pero apenas durante unos milisegundos.

— ¡Por Rocco! – sonaba en la radio. Era el decimocuarto cántico de victoria. – ¡Porque su polla dura penetre muchos agujeros!

Empecé a chillar, luego a reír, mi corazón latía en mi interior a un ritmo discordante. Sentía sudor en mi frente y las calles se extendían frente a mi más infinitas que nunca. Las luces de la calle creaban grietas en el cielo y el parabrisas empezaba a resquebrajarse. La radio sufría interferencias y la voz de una mujer sonaba por los altavoces, pero a su vez también en mi cabeza.

  Un chico tan guapo como tú no puede estar tan desaprovechado. 

Parecía que llovía. Que nevaba. Había grandes nubes grises en el horizonte y relámpagos rojos que iluminaban los cielos. Las ventanas se cubrieron de hielo y mi aliento se convertía en vaho en cada una de mis respiraciones. La voz de la radio volvió a hablar.

 — ¿Te has planteado en alguna ocasión hacer cine x?

Chillé tan alto como pude en cuanto vi el cuerpo de la joven sobre el que me abalanzaba. Era negra, de pelo rizado y mirada perdida. Estaba allí anclada, en mitad del pavimento, completamente empapada y vestida con un vestidito blanco que se ceñía a su redondeada figura. Di un volantazo agresivo e intenté frenar, esquivando el cuerpo de la victima, pero el viejo coche de Wendy salió desprendido dando vueltas a lo largo de la calzada. El mundo daba vueltas y yo sentía como mi propio cuerpo se rompía. La primera fractura fue en el brazo. Después noté como una de mis piernas se desprendía de mí, pues los huesos se desencajaron a causa del impacto. Otro golpe en el cuello me dejó aturdido y perdí la consciencia lentamente, abanando mi cuerpo terrenal para adentrarme en las profundidades de la inconsciencia.  
Una densa oscuridad sustituyó todo lo que había a mi alrededor. Escuchaba susurros venidos de cualquier dirección, como si los ecos de mil recuerdos vibraran en aquella espesa negrura.

Las cartas lo dijeron, hermano. Tendrás muchísimo éxito.

Hace las mejores mamadas de toda California.

Te necesito rebosante de esperma para mañana.

¡Por Rocco!

¡Por Rocco!


¡Por Rocco!





CONTINUARÁ

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6 comentarios

  1. ¡Woooow! Estoy leyendo Monstruos invisibles de Palahniuk, así que apenas vi que tu influencia había sido este autor supe que me iba a gustar la historia. Muy bien escrita y con ese toque decadente que Hollywood tan bien oculta pero que todos sabemos que está ahí. Espero ver cómo sigue.
    ¡Saludos!

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    1. Me alegro que te gustara, lo cierto es que tenía muchas dudas al respecto!
      Snuff de Palahniuk me dejó realmente impactado, toda su obra en general es impactante.
      Gracias por el comentario!
      :*

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  2. ¡Hey!
    Primero: MIIIIIKEL, ESTÁS DE VUELTAAAA *____*
    Segundo: Mola mucho, la verdad, tengo unas ganas tremendas por saber cómo continúa la historia y espero poder conocer mejor a Rocco y a Wendy (¿contarás su historia?)
    Lo que no entiendo (bueno, en realidad sí que lo entiendo, más bien me quejo de que te veas obligado a dar explicaciones) es por qué tanto "miedo" al qué dirán al principio de la entrada: ¡ni que los escritores opinásemos siempre lo que opinan nuestros personajes y defendiéramos las cosas "malas" que pueden estar relatadas! A mi ver nada de lo que he leído me ha resultado ofensivo y, de todo corazón, espero que a nadie se le ocurra atacarte dándole la vuelta a tus palabras.
    En resumen: pinta como una buena historia, personalmente nunca había leído una relacionada con el tema del porno y resulta interesante para pillar perspectiva.
    ¡Un besazo!

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    1. Dafne! Que genial es verte por aquí! Sí, en realidad comparto esa "rabia" por tener que dar explicaciones, pero sentí que era necesario.
      Gracias por leerme, sabes que tengo en alta estima que estés siempre ahí a pesar de todo. Un besazo enorme!

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  3. ¡Hola! Muy entretenido, la última parte, desde que Rocco besa al chico del boliche, me pareció la más lograda.

    Voy a estar atenta a la continuación.

    ¡Saludos!

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    1. Muchas gracias por leer Denise! Un beso muy grande!

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