EL HOGAR DE LA PARCA (IV): EL CAMINO EGOÍSTA

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El principio del final de EL HOGAR DE LA PARCA ya está aquí. Según las normas de La Ronda deben de ser cuatro capítulos, pero yo me siento realmente atraído por el número 5, así que para vuestro gozo y el mío este no es más que el penúltimo de la tanda. 
Las cosas están aún en el aire y hay varios frentes que hay que concluir... ¿Qué pasará con Meredith y Angus? ¿Se encontrarán la Parca y Angus para poder discutir sendas partes de un trato blindado? ¿Cómo acabará toda esta paranoia que me he inventado? 

Amigxs... ¿No queréis quedaros a descubrirlo?


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 ACTO IV EL CAMINO EGOÍSTA 



Gris…
Su mundo había sido gris desde el momento en que abrió los ojos. Incluso su propio nacimiento, un error de proporciones épicas, aconteció en un día frío y gris, en una habitación gris, y en un contexto más gris si cabe. 
Pero aquellos probablemente eran sus últimos años de vida, puesto que sobre sus espaldas recaían los pesares de todo un camino plagado de errores, los cuales había arrastrado durante años, lustros y décadas. Había decidido vivir como un ser vil y aterrador, aprovechándose de la más mínima alternativa para lucrar sus excesos. Su mísera existencia estaba plagada de estos últimos, como también de adicciones que nunca había podido abandonar. 
Dante. Así decidió llamarse cuando supo que su nombre de origen no le era de su agrado. Un ser lleno de recuerdos dolorosos, cuya senda lo dirige a las puertas del infierno. Había vivido de forma patética y minúscula, cometiendo crímenes sin ningún tipo de estupor. Él sabía que de algún modo el karma le devolvería todo el dolor que había proyectado hacia sus víctimas, y esperaba pacientemente a que la doctrina le visitara, en su retiro abandonado de una playa solitaria de la costa este. 
Eran decenas de cadáveres los que había dejado atrás, cuya sangre manchaba sus manos y cuyos gritos aún resonaban en sus peores pesadillas. Toda esa destrucción injustificada encontraba su razón de ser en aquella misma sustancia que estaba esnifando en ese mismo momento.  ¿Cuánta cocaína había consumido desde la primera vez que decidió meterse una raya? Hacía ya quince años de ese borroso recuerdo que había estado degradándose en su memoria. Algo de lo que llevaba arrepintiéndose desde siempre. Pero a pesar del arrepentimiento caía de nuevo bajo los efectos de la droga, tan placenteros a la par de fatales… 
Era como eyacular dentro del estrecho útero de una joven. Era como sentir el escalofrío que recorre la espalda durante las primeras brisas frías del otoño. Era como sentirse realizado, solo que sin estarlo…
Ya en el clímax de su sobredosis Dante se obsesiona con la guitarra que hay depositada sobre la pared. Cuelga de un clavo que sobresale. La sujeta con una delicadeza extrema y la abraza con sus manos, para después hacerle cosquillas en las cuerdas intentando arrancarle una melodía. Lo consigue, aunque de forma torpe, y se tumba en el sofá mientras sus dedos se deslizan de acorde a acorde. Siente la tentación de cantar, pero sabe a la perfección que aquello destrozaría el momento. Cesa su práctica musical durante unos instantes para encenderse el porro que hay depositado sobre el cenicero. Otra de las tantas drogas de la que es sumiso…
Pero de pronto siente un extraño calambre recorrer su cuerpo y toda su atención se deposita en la pequeña ventana circular que hay justo a su lado. Le ha parecido escuchar algo en el exterior. Se levanta sin poder evitar tropezar. Nota la imagen a su alrededor excesivamente brillante y entrecierra los ojos por tal de evitar el deslumbramiento. Abre la puerta y enciende la bombilla que cuelga del toldo. Su luz anaranjada crea un círculo de luz en el suelo. Sale al exterior y la brisa marina le da una bienvenida húmeda, y se frota los brazos intentando entrar en calor. Sus ojos se enfrentan a su alrededor en busca del intruso que le ha parecido percibir, pero no hay nada más que oscuridad en su cercanía. Al menos, que él pueda percibir. 
Con el ceño fruncido Dante se percata de un par de avispas que revolotean ante la superficie de cristal de la ventana. El haz de luz se filtra desde el interior, desgarrando la sábana negra que cubre el mundo durante la noche. Convencido de estar totalmente aislado del mundo vuelve a subir a la caravana y cierra la puerta de un portazo, y la música vuelve a sonar instantes después. 
Pero la realidad dista mucho de la percepción que tiene Dante de su entorno, puesto que dos figuras le habían estado observando constantemente, frente a él, aunque este ignorara la presencia de estas.

¿No puede vernos? — le pregunta Angus a Meredith. Esta asiente sonriendo, enseñando sus perfectos dientes blancos. Se escuchan grillos en la lejanía, y las olas del mar, incansables. 
Parece ser que no… — responde risueña. 

Permanecen en silencio, tan abrupto e infinito, como eones retumbando en el vacío más absoluto. Sus respiraciones contenidas brotan a la par, y Angus se estremece de tan solo plantearse la idea que acaba de surgir en su mente. 

Hazlo. — le susurra Meredith. Sus carnosos labios se depositan sobre los de Angus, y este percibe a través de ellos el aliento dulzón de aquella mujer colmena. — Yo también lo haría…

Se despide, dando una última caricia al hombre que hay frente a ella. Camina dirección a la puerta que se eleva de forma extraña al otro lado de la playa, inmóvil sobre las dunas como un tablón ridículo y sin sentido. Cuando esta abre la puerta se cuela al interior de una dimensión lejana, pero terriblemente cercana a su vez, y cuando la cierra Angus se queda totalmente solo, escuchando la última partitura que tocaría Dante en vida.


El interior de la cabaña es diminuto y asfixiante. Angus observa a Dante sobre el colchón tan ignorante a su dolor, con un huracán de sensaciones atrapado en su cuerpo y un éxtasis inmerecido. Angus observa a su alrededor en busca del mayor número de detalles posibles. Hay posters en las paredes de algún grupo de rock ya extinto. Hay una minicadena anticuada y probablemente rota sobre una estantería. La vajilla sucia brota del lavadero y Angus coge un enorme cuchillo el cual oculta tras su espalda. Dulce hogar… dirían algunos.
Disfrutando de su nueva recién adquirida habilidad Angus decide alertar a Dante de que una presencia de ultratumba está presente. Lo primero que hace es dar un ligero golpe en la pared, con sus fuertes nudillos. Dante se sobresalta y lanza la guitarra al suelo, y sus aterrados ojos observan a su alrededor en busca del origen de aquel ruido. Angus no puede evitar reírse, disfrutando de su particular venganza, y se acerca al oído de su víctima tal y como había hecho el señor Uku con él.

Estoy aquí… — le susurra, lentamente. — Dentro de tu refugio… ¿Cómo te vas a proteger de mí ahora?

Dante empieza a sudar. De pronto siente un pánico enloquecedor germinar desde lo más profundo de su ser, como una flor carnívora que le devora por dentro. De nuevo escucha otro golpe en la pared, y su corazón empieza a latir con fuerza, presa de la adrenalina. Le duele el tórax y los pulmones apenas pueden hincharse de aire en su totalidad. Se levanta, a trompicones, y entra al diminuto cuarto de baño para refrescarse la cara. El agua huele a lodo, pero está limpia, y cuando al fin siente que el fuego en su cabeza se ha extinguido se mira en el pequeño y sucio espejo que hay sobre la pared.
Entonces lo ve. Tras él hay un hombre de estatura normal, algo grueso, pero de apariencia juvenil. Su rostro, no obstante, está desfigurado por una ira descontrolada.

¿Quién coño eres y qué haces aquí? — le pregunta, realmente asustado. Se da media vuelta y observa de frente a la presencia que hay frente a él y es entonces cuando se percata de que el intruso tiene un cuchillo sujeto en su mano derecha. — No tengo nada, tío, ¡te lo juro! 
Sí… — dice Angus, con una voz ronca y rota. — Tienes algo que me pertenece y vas a dármelo ahora mismo. 

Se acerca a Dante con el cuchillo al alza y el drogadicto acaba arrinconado en el interior del baño. Gime de terror, realmente convencido de estar sufriendo algún tipo de alucinación producto de las drogas.

Dime la verdad si no quieres lamentarlo, maldito. — le dice Angus, casi gritando. — ¿Fuiste tú quien atracó el General Bank el pasado agosto?
¡Qué coño estas diciendo! — responde él con una risa nerviosa que le delata. — ¡Piensas que puedes aparecer aquí y señalarme de hacer algo como eso!

Sin pensárselo Angus blande el cuchillo y su hoja cierra la piel y músculo del brazo de Dante. Atónito, este intenta sujetarse la herida con la otra mano pero al visualizar la sangre entra en shock. 

Te lo preguntaré solo una vez más antes de matarte, asqueroso hijo de puta. — le grita Angus en la cara, casi escupiéndole en el rostro. — ¿¡FUISTE TÚ EL ATRACADOR DEL GENERAL BANK!?

Dante cae rendido al llanto. Se deja caer de rodillas y empieza a sollozar como aquel que suplica por su vida. La sangre bajo su cuerpo encharca la estancia y acaba ensuciando las botas de Angus.

¡Sí! ¡Lo admito! ¡Lo hice! 

De pronto el depredador en que se ha convertido Angus parece salir a la luz. Hay un brillo en su mirada realmente aterrador, una sonrisa leve se dibuja en su rostro y su respiración se torna tranquila y pacífica. Tiene a su víctima arrodillada frente a él, podría obligarle incluso a lamerle las botas ensangrentadas. Que poderoso se siente. Que grande se ha vuelto. Que placer le embriaga al clavar el cuchillo en el cuerpo de Dante de nuevo. 

Por Roanne. — le dice a la primera estocada. — Y por Lily… — le dice a la segunda.






Hoy Meredith me ha devuelto mi diario. Se ha disculpado diciendo que lo necesitaba para comprender quién era y cuál era la mejor forma de hacerme entender quién soy, y cuáles son los logros que puedo conseguir aquí. 
Parece que han pasado años desde que conocí al señor Uku. Cuando le he preguntado por él Meredith ha cambiado su semblante, normalmente radiante, por uno nostálgico y pesaroso. 
El señor Uku nos ha dejado ya… — me ha dicho. Una brillante y solitaria lágrima recorrió parte de su mejilla antes de que se la secara. — Y algún día tú también nos dejarás.
Estoy hospedado en la habitación 282 del Hotel Connery Hills. Iré a dormirme después de escribir estas palabras puesto que parece ser que mañana conoceré a ese ser al que llaman la Parca. Conoceré a la bestia que reina este lugar, de la que Meredith habla cosas maravillosas.
Te concederá aquello que más desees, por imposible que parezca. Un único deseo por el que tendrás que pagar un alto precio, eso sí... — lo decía realmente convencida de la locura que estaba diciendo. 
En estos momentos lo único que deseo es dormirme y olvidarme del crimen que he cometido. Disfruté matando a ese cabrón drogadicto como jamás hubiese imaginado, pero el remordimiento por haberle arrancado la vida pesa sobre mi espalda. ¿Cómo ignorar la culpabilidad y el arrepentimiento?
Roanne y Lily, si me veis desde algún lugar, dadme fuerza… Lo que está por llegar parece ser tenebroso y realmente difícil. 


Os amaré eternamente.

Angus.







En la oscura habitación 282 del Hotel Connery Hills reina un silencio plano. Sobre la cama descansa Angus, totalmente inmóvil, y los símbolos en la pantalla del extraño aparato que yace en la mesita, justo al lado de la cama, marcan las 11:57
Quedan tan solo tres minutos para que el silencio desaparezca. La alarma del despertador sonará estridente y Angus tendrá que levantarse.
Por su parte, varias plantas por encima de la de Angus, en la suite presidencial del ático, Charlie informa a la Parca de todos los datos que ha podido recopilar a lo largo de las últimas horas. La reunión que sucederá más tarde con Angus es realmente importante, y pretende que su ama esté convenientemente informada.
Por lo que Meredith ha podido observar ese tal Angus tiene altas probabilidades de pedir las almas de su mujer e hija a cambio de su penitencia… — le dice Charlie mientras lee varios documentos traspapelados en sus carpetas. Camina de un lado a otro, realmente ajetreado, y su voz empieza a denotar nerviosismo. — Hemos tasado dicha transacción por un total de 16 almas a nuestro favor. A esa cifra deberíamos restar la repentina aportación de Dante ante nuestras filas la pasada noche, por lo que, si no me equivoco, Angus debería aportarnos un total de…
Quince almas. — le interrumpe la Parca. Su voz es pausada y atroz. Su esquelética figura está alzada ante un espejo de cuerpo entero, y en dicho reflejo la apariencia del monstruoso ser ancestral es muy diferente de la que se puede apreciar a simple vista. Atrapada en el espejo está su apariencia más humana; la de un niño.  — ¿Has redactado el contrato? — le dice, alejándose del vidrio reflectante para mirar a su pequeña mascota, la que literalmente se está ahogando con tanto papeleo.
¡Sí! Creo haberlo visto por aquí… — Charlie se encamina dirección al escritorio del despacho, para después ponerse a rebuscar por los cajones. — ¡Aquí está! — grita eufórico, alzando el documento.
Deberíamos bajar ya, es casi la hora…

La alargada figura de la Parca se dirige hacia la doble puerta de roble que lleva a la salida y Charlie corretea tras ella, con sus carpetas bajo el brazo y con las rodillas muy juntas. Tienen como destino la capilla, que se encuentra en el patio trasero del hotel. Es allí donde se han citado con Angus esa misma mañana para discutir las condiciones de lo que obligadamente ha de firmar.  Un pacto con la Parca.







Que imponente lugar esa capilla. Que grandes cristaleras de colores y que bellos los destellos de luz que se filtran a través de ellos. Allí he podido conocer al fin a la dichosa Parca, aunque a decir verdad no ha dicho mucho durante nuestra velada. Ha sido ese pequeño monigote que le acompaña, Charlie, quién hablaba por ella en todo momento, y por lo tanto ha sido él quien me ha explicado algo que aún no puedo creer.
Dice que os traerán de nuevo a la vida, y que el terrible momento en que Dante os mató nunca llegará a suceder en la línea temporal donde vivimos. Todo volverá a ser como antes, y tú, pequeña Lily, disfrutarás de una sonrisa radiante.
Estoy deseando que eso ocurra, pero el precio para lograr dicho regalo es realmente doloroso. Traeros de vuelta costará la vida de otras quince personas, sin contar la del maldito drogadicto que os mató. Voy a tener que acompañarlas ante la muerte yo mismo… Con mis propias manos... Como si no estuvieran lo suficientemente manchadas de sangre ya…
Tengo el contrato aquí mismo. Lo he leído al menos una veintena de veces y todavía no doy crédito de lo que hay redactado en sus folios. Rezo porque esto no sea más que una pesadilla interminable de la que despertaré en algún momento, pero ¿cuándo?
No sé qué debo hacer… 
Perdonad mi temor…

Angus.


Más tarde.
No puedo dormir. He sujetado la pluma en muchas ocasiones a lo largo de la noche, pero nunca he tenido el valor suficiente como para firmar. 
Fueron bastante explícitos al indicar que lo hiciera lo antes posible, y Charlie no deja de picar a la puerta cada diez minutos para comprobar si he decidido aceptar o no. 
Si al fin decido firmar, ¿os sentiríais orgullosos de mí?

Mucho más tarde.
Lo he firmado. Estaría dispuesto a pagar un precio mucho más desorbitado por vuestras almas, si eso fuera necesario.
Amadme aunque haya decido el camino egoísta...

Angus.

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4 comentarios

  1. Bravo.
    Angus me ha enamorado, como lo hizo en su momento el señor Uku. Me encanta la última parte, esa duda, la indecisión de firmar o no, ese remordimiento.
    La verdad es que me encantaría que siguieras escribiendo sobre estos personajes tan increibles que has creado, pero creo que tendré que conformarme con que le des un digno cierre a esta gran historia que te has montado.
    Un beso y esperando impaciente el desenlace.
    Lena

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    1. Jo, adoro que te pases por aquí y que además dejes estos comentarios tan adorables. Nunca me cansaré de darte las gracias por leer :P
      Lo cierto es que yo también le he cogido mucho cariño a esta historia en particular, es una pena tener que acabar.
      Un besazo enorme Lena!!

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  2. Vaya,me he quedado sin palabras, la verdad no esperaba que Angus se tomara la justicia por su mano, me dejas con la intriga de ver cómo acaba esto...

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  3. La parte final me ha encantado. Las entradas de diario te acercan muchísimo al personaje y le dan al conjunto mucha frescura. Me encanta. En serio, sé que soy pesada, pero me duele que esto no sea una novela. Más libros así en el mundo, por favor.

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