EL HOGAR DE LA PARCA (II): un corazón fuerte

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Hola, hoy vuelvo al blog con el segundo capítulo de EL HOGAR DE LA PARCA. Para quienes hayáis sobrevivido al capítulo anterior os doy las gracias por continuar con la lectura de esta historia tan especial. Y si da la casualidad de que tu aún no has leído y estás interesadx te animo enormemente a hacerlo.
Como ya sabéis aprecio enormemente los comentarios, así que no dudéis en comentar al final de la entrada con aquello que queráis expresar. Un abrazo muy grande a todxs, y ahora os dejo con...




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 ACTO II UN CORAZÓN FUERTE 

« ¿En qué momento ocurrió todo? ¿Estoy aún atrapado en el interior de un sueño? ¿Quién es este hombre que me arrastra por calles oscuras y desconocidas?
Hace apenas unos instantes estaba encima de mí, sobre mi lecho, ahorcándome. “Bienvenido al club de los suicidas.”, había dicho. Que voz tan feroz la suya…
Hemos mantenido un silencio turbulento durante todo el trayecto, y yo, caminando tras él como si fuera su siervo, me encuentro totalmente desorientado y sin voluntad alguna. Me siento atrapado en una nube de cenizas, respirando un aire tóxico que me envenena a cada respiración. Desde que he abierto los ojos todo es más frío y aterrador, y este hombre que me acompaña parece arrastrarme a las profundidades de esta pesadilla de una forma cósmica, incontrolable, de la que no puedo huir. Parezco un títere manejado por hilos invisibles, y yo me pregunto ¿cómo escapar de algo que apenas comprendo? ¿Por qué parece todo tan real a mi alrededor si creo firmemente que me encuentro atrapado en un sueño?
Que tan extraño parece todo a nuestro alrededor, un lugar atrapado bajo el contraste lúgubre de una atmósfera densa y turbulenta. Incluso el sol parece comportarse de manera extraña. Apenas cruza el cielo en su totalidad, y su trayectoria tan solo se difunde en el lejano horizonte, como si estuviéramos en los márgenes del mundo, donde ni si quiera la luz solar alcanza.
Las primeras dos noches hemos caminado sin cesar. Ya no siento el dolor de mis pies, al cual he acabado acostumbrándome. Hoy, la tercera de las noches, hemos parado en un restaurante al margen de la carretera interestatal. El cartel de neón deslumbra en el oscuro firmamento, y hay apenas dos coches más aparcados frente a la puerta de acceso al local. Dentro todo lo ha colapsado una extraña luz azulada pero a pesar de la gélida sensación visual que causa dicho efecto puedo notar el calor de los fogones de la cocina en él rostro.
El local es pequeño, tan pequeño que el oxígeno incluso escasea. Hay tres mesas acolchadas frente a la barra y dos de ellas están desocupadas. El hombre que me ha arrastrado aquí, tras penetrarme con sus intensos ojos de diferente color e imperar de forma no verbal que me sentara, se ha enzarzado en una cariñosa conversación con la camarera, ignorando por completo mi presencia. Me he sentado y les he observado mientras escribo estas hojas en mi diario. Ella es una mujer arrugada, de mirada felina, con verrugas en la parte interior de la cara y las cejas mal depiladas. Mastica chicle, y de vez en cuando hace pompas rosadas con él.
Hablan, pero apenas puedo escuchar lo que dicen. Me lanzan un par de miradas confidentes y sonríen de forma algo siniestra.
Ya han dejado de hable y él se acerca, debo dejar de escribir.

Angus.

P.D: ¿Es hoy 10 de agosto? »




— Estoy muerto de hambre. — dice el señor Uku. Es la primera vez que se dirige a Angus sin insultarle. – Y tú también necesitas comer algo, esa cara tuya mejorará después de un buen bocado.
La camarera de pronto se acerca, lleva en sus manos dos botellines de cerveza artesanal, los deposita grácilmente sobre la mesa y tras abrirlos  se queda a nuestro lado durante unos instantes que parecen eternos.
— No le presiones tanto, señor Uku. — dice al fin la mujer, que goza de un aspecto realmente desafortunado. Su pelo se eleva sobre su cabeza sin forma aparente, como una montaña de espuma teñida de rojo, color que coincide con el de sus pobladas cejas.. — Hace mucho tiempo tu estuviste en su lugar, y recuerdo perfectamente que tu cara de miedo era mucho más preocupante que la de este muchacho. ¡Eh tú! – grita a Angus por tal de captar toda su atención. — no dudes en contármelo si este montón de estiércol móvil te causa algún problema, ¿de acuerdo?

Las muchas tonalidades atrapadas en el iris de la camarera brillan como el mismo sol. Angus asiente con la cabeza al cabo de cinco segundos, tras asimilar las palabras que le ha dedicado, y la mujer, satisfecha, se retira de nuevo tras la barra.

— Parece que le has caído bien a Vieja Tata. Eso es sin duda un gran paso para ti… — dice el señor Uku riéndose, para después dar un largo trago a su cerveza. Al acabar de haberse refrescado la garganta con abúndate manjar alza el botellín, ya casi vacío, frente a su prisionero. — Disculpa mis modales, amigo Angus. ¿Le apetece brindar por algo?

Parece percibir en el rostro de Angus la incomodidad que le causa su sola presencia y el señor Uku decide dejar de interactuar con él, para enfrascarse en la interesante lectura de una revista mugrienta y agrietada que hay al borde de la mesa. En el margen superior derecho puede leerse una fecha totalmente asincrónica a la memoria de ambos.

Abril de 1974

Mientras el señor Uku permanece enfrascado en su revista de la que Angus tan solo puede observar su portada —una fotografía de un niño sobre el titular “The England of Charles Dickens”— en la cocina preparan algo que huele de forma exquisita. Minutos más tarde se escucha la campanilla de la ventana de comandas y la camarera se acerca a ella para recoger dos platos listos para servir. Y con una cojera cada vez más acentuada se acerca a la mesa sosteniendo en sus manos, con la habilidad de una equilibrista olímpica, la cena de sus dos últimos clientes.

— Tienes cara de adorar la pizza. — le dice la mujer a Angus. — Aquí tienes joven, disfruta de la especialidad del Chef Lionel. — más allá de la ventana donde la Vieja Tata ha recogido la comida hay un hombrecillo estirado y de rostro oriental  que les saluda con la mano. Angus decide saludarle también, y lanzarle una mirada cómplice justo antes de llevarse un trozo de comida a la boca. — Cree esto que voy a decirte: lleva siglos intentando perfeccionar su receta de pizza cuatro estaciones. Cualquier buena crítica estará encantado de aceptarla. Ya sabes... Los chefs y su típico ego insaciable...

Era, sin duda, la mejor pizza que había tomado jamás, y Angus se aseguró de hacérselo saber al Chef Lionel por activa y pasiva, y este último, regodeándose en los cumplidos de alguien a quien no conocía,  le regaló unas porciones sobrantes para pudiera disfrutarlas durante el resto del camino.

— Ha sido un placer conocerte Angus, esperamos volver a verte en algún momento. Y a ti, maldito afortunado... — dice la Vieja Tata señalando al señor Uku con el dedo índice, haciéndole señas para que se acercara . — ¿qué tal si te doy un fuerte abrazo de despedida?

Salen del local con la barriga llena y con el zumbido del alcohol merodeando entre los pliegues de sus mentes. En la puerta se despiden la Vieja Tata, que ha aprovechado para encenderse un cigarrillo, y el Chef Lionel, que de cerca expone su característica baja estatura. Tiene en sus manos las llaves de uno de los dos coches que descansan en la explanada frente al restaurante.

— Espero que vuelva intacto, señor Uku. Sabes la mucha estima que tengo a mi precioso Porsche. — le dice el Chef mientras alza unas diminutas llaves plateadas. — Que tengas un buen viaje de regreso a casa.

Dos breves amaneceres después y habiendo dejado atrás el restaurante de Vieja Tata y el Chef Lionel, el señor Uku empieza a expresar los primeros signos de cansancio. Ha conducido sin cesar durante noche y día, y la fatiga ha acabado por entorpecer su intención de llegar cuanto antes a su destino, el cual Angus, por el momento, desconoce. Decidido a descansar en las proximidades a la carretera durante al menos una noche crea una fogata alrededor de la cual los dos hombres se calientan las manos.

— ¿Dónde estamos? — pregunta Angus con voz queda, sin mirar a los ojos a su acompañante y a su vez sacando de su mochila los restos que Lionel les había dado tres noches atrás. — No logro reconocer nada de lo que nos rodea.
— Chaval, llevo haciéndome esa pregunta desde que llegué. Quizá tengas más suerte que yo y descubras los terribles misterios que se esconden en este lugar pero, si pudiera apostar… Sin duda lo haría en tu contra.

Calientan los pocos restos de pizza y se los comen en silencio. Un silencio ahogado que actúa a su vez como el prefacio de un descubrimiento fatal. Un silencio abrupto, obtuso, e incapaz de ignorar. El silencio, a fin de cuentas, de quienes viven en el hogar de la Parca.

La Parca, inseparable a su magnífica butaca de cuero negro y decoraciones doradas, conversa con una bella mujer que se encuentra al otro lado de la larga mesa que ocupa el centro del Hall principal del Hotel Connery Hills. Debe de separarles al menos cien metros de distancia, pero ambos pueden verse y oírse a la perfección.

— No soy la más indicada para hacerlo, Parca, tienes a otras que pueden ser de mucha más utilidad en el adoctrinamiento de esa nueva alma. — dice la mujer, mientras corta un pedazo del grueso solomillo que hay frente a ella. Está poco hecho, y la sangre de la carne se acumula al fondo del plato. — Aunque sí ese es tu deseo de sobras sabes que actuaré con gusto.
— Meredith... — pronuncia la Parca, con su característica voz sibilina. — tú eres mi más preciada musa. Solo tú puedes encargarte de un trabajo tan preciado como el que se nos presenta. Mis temores más frágiles tan solo puedo confiártelos a ti, querida, y lo mismo he de hacer con mis anhelos más profundos.

Charlie entra por la puerta lateral llevando entre sus manos una bandeja de plata que contiene el postre. Tras partir sendos pedazos de pastel y ofrecérselos a los comensales se retira, asegurándose de que estos no necesitan nada más de los servicios que presta.

— Menuda mascota te has buscado. — se mofa Meredith cuando se quedan a solas. — ofrecéis un aspecto parecido al que tendría un nazi sujetando un chihuahua. Con el tiempo ese tipo de compañías acabarán degradando tu legendaria y ancestral presencia maligna, Parca. Deberíamos librarnos de él y encontrar a alguien con un aspecto acorde a las circunstancias, ¿no crees?

Ofendida la Parca se levanta, sin apenas probar un pedazo de su tarta. Alzada su presencia es intimidante, como una sombra alargada que ha adoptado vida propia. Se acerca a Meredith aparentemente furiosa, para después sujetar su rosado rostro con los huesudos dedos de sus manos. La Parca no tiene ojos, no tiene lengua, no tiene más que hueso en el rostro. Los pliegues de su capucha, hechos trizas, caen tras su espalda como una melena larga y frondosa.

— Cualquier cosa que hayas de decir en contra de Charlie te la ahorras, Meredith. Ahora sal, debes estar lista para cuando el señor Uku y Angus lleguen. Quiero actuar de inmediato, ¿de acuerdo?

Ella también se levanta, viste un precioso vestido anaranjado de una tela extraña que parece en constante movimiento. Se escucha un zumbido, como el de mil alas al batir.

— Iré a prepararme. — dice sin más Meredith, para después retirarse agachando la cabeza y dejando tras de sí un extraño aroma a miel.
— ¡Charlie! — grita la Parca una vez sola en el salón. — ¡Sobró tarta para ti!





« Definitivamente este no debe tratarse de un lugar real. No nos hemos cruzado con ninguna otra carretera a nuestro paso, algo realmente extraño, y a nuestro alrededor un desolador paisaje nos apremia. Es un desierto de cenizas, lo que responde a mi pregunta anterior del porqué me cuesta tanto respirar. Este aire está contaminado.
El señor Uku no ha hablado más desde que abandonamos nuestro campamento improvisado, y he acabado por aprovechar algunos instantes para escribir en mi pequeño diario. Le he visto alguna u otra vez ojeando por el ramillete del ojo, de forma curiosa, pero al descubrir que me percato de su atención a mi diario vuelve a depositar la mirada a la calzada, disimulando.
Conforme pasa el tiempo y nos aproximamos allá donde vayamos mi condición de prisionero se acentúa, ¿debería intentar huir?
Tengo la impresión que, de hacerlo, el señor Uku acabaría encontrándome allá donde me escondiera. »




— Volveremos a parar esta noche. Estoy agotado. — le dice el señor Uku a Angus al rato. — Te dejaría conducir, pero si Lionel ve un solo arañazo en la carrocería te destrozará la cabeza como a una calabaza, y a mí me esperará un destino mucho peor.

Se aparta de nuevo en la carretera e imita lo que hizo noches atrás, pero en aquella ocasión no teníamos nada que llevarnos al estómago, a excepción de unos botellines de cerveza de emergencia que el Chef Lionel escondía en el maletero.

— Sabía que ese maldito cabrón escondía priva en el coche. No me extrañaría encontrar medio gramo de cristal ahí dentro.

Bebieron en la oscuridad y el señor Uku cayó rendido en el suelo al cabo de las horas. Hablaba en sueños, balbuceando palabras ininteligibles. Pero entre todos esos vocablos había una palabra que sí podía distinguirse.

“ M   u   e   r   t   e ”

Intentando hacer el menos ruido posible Angus se levanta y se aleja de la luz de la candela. Las llaves del precioso Porsche están puestas y todo se dispone de la mejor de las formas para efectuar una fuga con éxito.
Introduce su cuerpo al interior del vehículo y enciende el motor. Siente la energía de ese monstruo de la mecánica a través del volante, y aprieta el acelerador a fondo para huir de su alcaide particular.
Pero todo es en vano, puesto que su voz suena desde el asiento del copiloto.
Angus mira a su derecha y encuentra al señor Uku sosteniendo una pistola, apuntando directamente al conductor, mientras dibuja en su rostro una sonrisa feroz y triunfante.

— No puedes huir de mí imbécil. — le dice bruscamente. — Frena el coche ahora mismo.
— ¿Pero como coño…? — balbucea Angus, sin entender cómo ha podido aparecer el señor Uku en el asiento, de la nada.  
— He dicho que frenes ahora mismo si no quieres que dispare.

Aterrado, el conductor estaciona junto al desierto de cenizas y sale del vehículo ágilmente. El señor Uku también sale sin dejar de apuntar a Angus con la pistola. Se adentran en el desierto y la ceniza se eleva, y es esta la que turbia el aire alrededor de Angus, dotándole de una extraña aura difusa y pegajosa.

— ¿Pensabas que podías hacer una estupidez como la que acabar de hacer? ¿Crees que sobrevivirías tan solo un día ahí fuera? — le grita enfurecido el hombre armado. — No imaginas los seres bestiales que pueblan estas tierras. Sin mí, serias carne fresca para los caníbales.
— Pero…
— No, Angus, acabas de traicionar mi confianza. A partir de ahora se acabó el trato preferencial. Te he dado la oportunidad de ser mi putita pero ¡no te has comportado!

En ese instante, aturdide, Angus cae de espaldas. La figura del señor Uku se acerca, tiene los ojos inyectados en ira y expulsa espuma por la boca.

— Habrá que hacer las cosas del peor modo posible.

Valiéndose de sus musculosas piernas empieza a golpear a Angus. Las patadas se reparten por doquier y el señor Uku se divierte dándolas. Su víctima, encogida en el suelo, se retuerce de dolor mientras pide clemencia a gruñidos.

— Hace falta tener un corazón mucho más puro para estar aquí, Angus. Y solo conseguirás un corazón fuerte cuando soportes bien el dolor de mil patadas consecutivas.

Y son exactamente mil patadas las que soporta Angus antes de desfallecer. El señor Uku entonces decide alzar el cuerpo del agredido a pulso, y lo mete en el maletero del precioso Porsche de Lionel.
Después vuelve al interior del vehículo y descubre que en el asiento del copiloto yace el pequeño diario de su prisionero. Se lo guarda bajo la chaqueta tejana y cierra la puerta de un portazo, lo que provoca que el cristal de la ventanilla se agriete de forma exagerada.

— Mierda. — suspira el señor Uku en soledad. — Lionel va a matarme.



TO Be ConTiNueD




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6 comentarios

  1. ¡¡Me encanta, me encanta, me encantaaaaa!!
    El señor Uku y Angus se han convertido en una curiosa pareja y la estética del relato y historia de La Parca cada vez mejoran más.
    Necesito pronto la tercera parte:3
    Un besoo
    Lena

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  2. WoW, me encantan los personajes que has creado. El señor Uku, la Vieja Tata, la Parca... Tengo ganas de conocer más de Meredith (no sé por qué, pero este personaje promete) Angus, sin embargo, no me termina de llegar.
    Con ganas de leer el capítulo 3 ;)
    ¡Besicos!

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  3. Totalmente de acuerdo con los comentarios anteriores, Meredith es un personaje que promete mucho y también Charlie, quiero saber porqué tiene esa relación con La Parca, y la pareja entre Angus y el señor Uku me parece muy bien conseguida, no sé, ya te lo dije en el capítulo anterior pero están muy bien desarrollados. Al igual que todo el escenario donde se desarrolla la historia, sin necesidad de entrar en demasiados detalles descriptivos, has logrado que estemos en ese desierto de cenizas con los dos protagonistas o en ese hall del hotel con La Parca y Meredith.

    Tengo muchas ganas de saber qué va a pasar ahora con Angus, más sabiendo que el señor Uku tiene ahora el diario. Aaaay trae pronto el tercer capítulo, porfi xDDD

    P.D: Al igual que en el capítulo anterior que empezaba con el nombre de mi primer blog, en este he encontrado otra coincidencia, cuando Angus se pregunta si es 10 de agosto, jajajajaja. Ese es mi cumpleaños xDDDD

    Un besito, me ha gustado mucho!! :D

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  4. ¡Holaaaa!
    Me encanta cuando se añaden parte de diario en las narraciones (no sé si te lo dije ya).
    Los personajes, como dicen las chicas, fantásticos ^^
    1000 patadas... ¡qué bestia! Pobre Angus.
    ¡Enhorabuenaaaa! ^^
    ¡Un besazo guapo!

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  5. Estoy empezando a formarme mis teorías, me gusta la forma en que has concebido la narración, siempre me gusta ver una historia desde todos los ángulos, sólo en una parte me he perdido un poco al entremezclar al narrador, pero el efecto te está quedando bárbaro, y que ganas de saber más, pobre Angus y lo que le espera!

    Saludos!

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  6. La ambientación es una pasada, y la química entre los personajes, tan dispares, tan geniales. Si fuera una buena dibujante haría fanart de este relato *__*

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