EL HOGAR DE LA PARCA (III): entrar es salir

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Estamos justamente en el ecuador de EL HOGAR DE LA PARCA y no estoy dispuesto a frenar aquí. Hay demasiadas fichas sobre la mesa y no se sabe exactamente que va a suceder acontinuación. ¿Qué pasará con Angus y el señor Uku? ¿Qué papel tendrá Meredith en todo este embrollo? ¿Tiene la Parca un plan maestro que desconocemos o es acaso más ingenua de lo que nos creemos?
Las respuestas están muy cerca... ¿Te quedas para descubrirlas?



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 ACTO III ENTRAR ES SALIR 


La carretera discurre en línea recta hasta el horizonte, y el magnífico Porsche de Lionel conducido por el señor Uku corre a toda velocidad. 
Se escuchan golpes en el maletero de alguien que lleva encerrado horas, alguien que seguramente está agotando el oxígeno en el interior del cubículo en el que yace encerrado. 
En la lejanía, empieza a dibujarse la silueta de la ciudad de Baltimore, la cual nace en mitad del desierto como si fuese un oasis metálico y de destrucción.  Los rascacielos desgarran los cielos nublados, pero hay uno de ellos que destaca entre los centenares de edificios que se elevan en el firmamento; el Hotel Connery Hills. Una edificación robusta y modernista con un millar de ventanas y otros tantos balconcitos dispersados en su fachada siguiendo un patrón milimétricamente ideado.
Al llegar a su destino el señor Uku conduce a través del corazón de Baltimore. Las gentes le saludan y le felicitan por haber conseguido cumplir su pacto con la Parca, y algunas mujeres, con las que el señor Uku ha disfrutado noches de desenfreno incontrolables, le suplican por tal de que las incluya en su pacto con la Muerte. 

Me encantaría poder hacerlo, nena. — le dice a una de ellas. — pero las condiciones del contrato llevan mucho tiempo pactadas y creo que es muy tarde para modificarlas. Pero no os quepa duda de que se lo plantearé a la Parca. 

El semáforo vuelve al tono verdoso que permite el paso y el señor Uku le guiña el ojo al grupo de mujeres que deja atrás. Llega, pues, frente a la puerta principal del Hotel Connery Hills y frena el vehículo ante la mirada de Charlie, que se encuentra en el extremo más elevado de las escaleras de acceso al edificio.

Te estábamos esperando. — dice la despreciable alma protegida por la Parca. — ¿Dónde está él? 

Angus parece haber escuchado la pregunta de Charlie puesto que empieza a golpear desde el interior del maletero. Sus gritos se ven atenuados, pero aún así puede notarse la desesperación en la que está sumido.

¿Responde eso a tu pregunta? — dice el señor Uku con una voz grave y afónica. — Ahora dime dónde puedo encontrar a tu ama si no quieres que te aplaste.
Está en la azotea. — responde Charlie, atemorizado. — pero antes de reunirte con ella hay alguien que desea hablar contigo. Acompáñame. 

Ambos acceden al interior del vestíbulo del hotel. Está decorado con un gusto exquisito y sin reparar en gastos. Hay una fuente en mitad del gran salón principal, en cuyo interior hay monedas de un millar de formas y orígenes. 

¿No piensas lanzar una? — le dice Charlie al fornido hombre que camina tras él. 
Ni de coña. — responde el señor Uku riendo. — el viaje que tengo por delante es largo, y estoy seguro que necesitaré hasta el último penique para llegar a mi destino. 

Ambos caminan a lo largo del vestíbulo dirección a las imponentes escaleras que se elevan en la zona este del Hotel. Ante estas aguarda un joven de piel cobriza y mirada negra. Parece una estatua de cera que no se inmuta de aquello que ocurre a su alrededor. Charlie frena y le observa con obstinación, agobiado por la situación tan tensa que tiene que sobrellevar. 

El señor Uku ha dejado su coche frente a la puerta. Hay alguien en el maletero, por favor, encárgese de él. — le dice al hombrecillo con tono autoritario. 
Ya que estas encárgate también de la ventanilla. — añade el señor Uku, antes de que el botones desaparezca por la puerta de salida, sin apenas responder. 

Suben las escaleras hasta llegar a una platea superior y acceden al bar por unas puertas corredizas de estilo oriental. Dentro huele a humo y a miel, y el señor Uku puede observar quien le espera en la barra. Sentada sobre un taburete está Meredith, que da pequeños sorbos a un combinado que Quentin, el barman, le ha preparado. 

Les dejaré solos. — se despide Charlie desde el otro lado del umbral justo antes de deslizar la puerta, y cerrarla. 

El señor Uku se sienta junto a la doncella y pide al camarero que le sirva algo idéntico a lo que sea que ella está tomando. 

Es una pena que hayas decidido marcharte — le dice al hombre, iniciando la conversación, para después encenderse el cigarrillo que sostiene en los pliegues de su boca. Su mirada es de color miel y sus carnosos labios incitan a ser besados, pero el señor Uku evita a toda costa caer en la tentación. — estoy segura de que podrías haber hecho grandes cosas aquí...
Lo sé. — le dice él, cabizbajo. — pero estoy interesado en hacerlas fuera, no en este lugar...

El señor Uku recibe su copa y le da un largo trago. Después sujeta el cartón de tabaco que descansa sobre la barra y le roba un cigarrillo a la bella mujer que se encuentra frente a él. Se acerca a ella y utiliza el cigarro que esta está fumando para encenderse el suyo propio. El pecho de Meredith se infla, ya que está terriblemente excitada.

Tampoco es tan malo como algunos pensáis, señor Uku... — dice ella, que da un sorbo a su copa, dejando impregnado en su borde el carmín de sus labios. El señor Uku percibe que hay un insecto en la mano de la mujer: una avispa. 
Meredith, no intentes convencerme. Partiré en cuanto la Parca cumpla su parte del trato. 
Veo que tienes muy claro tu destino, pero por si alguna vez volvemos a vernos, quiero que sepas que me gustaste desde el primer instante en que te vi...

Sonrojada Meredith espanta a la avispa que se pasea por su piel, y esta alza el vuelo hasta perderse de vista. Se quedan en silencio durante un largo rato, apurando los restos de sendas copas. Es Meredith quien decide romperlo de nuevo, aclarándose la garganta. 

Parca me ha puesto al cargo de tu nueva alma, ese tal Angus... — le comenta con un tono de voz desenfadado. — ¿Tienes algo que pueda hacer mi trabajo más sencillo? 
Nada, ese maldito cabrón no ha dicho ni pío en todo el trayecto y lo único que ha hecho es causar problemas... Aunque a decir verdad... — el señor Uku se palpa el cuerpo hasta que localiza el bulto que se esconde bajo su chaqueta tejana. — Tengo este diario. No se separaba de él bajo ningún concepto y aprovechaba cualquier momento para escribir. — desliza sobre la mesa el cuaderno y lo deposita frente a Meredith. — no me ha dado tiempo a leerlo, pero tampoco tengo intención de hacerlo. Ojalá tú puedas sacarle provecho.

Meredith recoge el diario de Angus y permanece junto con al señor Uku sin producir más sonido que su agitada respiración. Es el tercer silencio que se instaura entre ellos y el tercer silencio es siempre el que marca el fin de una conversación. Ambos lo saben, y Meredith decide marcharse despidiéndose con un beso dulce en los labios. Se dedican una breve sonrisa capaz de transmitir más que mil palabras, y ese instante se desvanece lentamente, mientras Meredith se aleja de allí. 
Sus pasos retumban en la cabeza del señor Uku, que decide quedarse en el bar un rato más, con la compañía de Quentin y el que seria, probablemente, su último trago en el hogar de la parca. 



Es un luminoso y cálido día de verano, las cortinas se alzan ligeramente por la refrescante brisa que se cuela por la ventana. Se escucha el sonido de un televisor en la planta de abajo, pero Angus y Roanne permanecen sobre el colchón, semidesnudos, con una fina película de sudor cubriendo sus cuerpos. Roanne, apoyada sobre abundantes almohadas, disfruta de un merecido cigarrillo tras una sesión de sexo diurno. Es una mujer terriblemente bella, delgada, con una media melena rubia y ondulada que encuadra su perfecto rostro. 

Adoro empezar la semana así… — le dice Angus a su mujer, desperezándose, y robándole el cigarrillo de entre los dedos. — Lily parece estar ya despierta.
Sí. — dice riendo Roanne, mientras acaricia el pecho de Angus. — Bajaré ahora con ella, pero antes…

Los labios de ambos se funden en un beso tierno, pero sumamente provocador, y Roanne se levanta para cubrir su hermoso cuerpo desnudo con un albornoz. 

Disfruta de ese pitillo tu solo... — le dice a su marido mientras se dirige a la puerta, sonriente. — y por favor, no tardes en bajar. Estaré preparando el desayuno. 

Ya solo en el cuarto, Angus siente una extraña sensación de repetición en sus recuerdos. Todo a su alrededor se tambalea y su mirada se torna translúcida. Le pitan los oídos y un fuerte dolor de cabeza perfora su sien. Una avispa entra por la ventana y revolotea torpemente por la estancia y la voz de alguien invisible le susurra al oído…


“No te despiertes…”


Sale de la habitación realmente contrariado y baja por las escaleras, las cuales gruñen bajo su peso, hasta la planta de abajo. Ya en salón encuentra a la pequeña Lily frente al televisor. 

Haz el favor de sentarte un poco más cerca de la pantalla, ya casi estás dentro de ella. 

La niña, que devuelve la mirada a su padre con sorpresa, parece escapar del trance al que cae rendida frente a la caja tonta. Ríe y enseña sus dientes blancos, pero ligeramente torcidos, de los que lleva algún tiempo avergonzándose. 

¡Ha llegado el día, papá! — grita eufórica, saltando al sofá y zarandeando a Angus con energía.
Sí, hoy es un día muy importante para nuestra pequeña, papá, ¿tienes algo que decirle? — responde Roanne que acaba de entrar al salón con los platos del desayuno. Ambos se miran risueños, con una complicidad palpable en el ambiente.
¡Eso papá! No pareces nada entusiasmado… — dice la niña, que se sube al regazo de su padre para mirarle a la cara desde la misma altura. 
¡Me malinterpretáis!  —grita riendo, esbozando una sonrisa traviesa en los labios —Yo solo digo que no necesitas esos dichosos braquets que vas a ponerte hoy. Yo te veré hermosa durante el resto de mi vida y me gustaría que tú también lo hicieras. Los defectos son lo que nos hace humanos, hija mía… 

Lily mira con dudas a su madre, como intentando que le chivara el significado de aquella frase con fondo filosófico, pero ella permanece callada mientras raciona el desayuno que ha cocinado en los diferentes platos que hay sobre la mesita. 

Pero ya sabes que acepto que quieras ponértelos, Lily. — continúa Angus, intentando salir airoso de aquella situación. — Y espero que el resultado sea de tu agrado. 

Comen, charlan y ven la televisión. En la pantalla se reproduce una secuencia que Angus recuerda a la perfección y verla activa algo en su mente que le hace recordar. Siente un pitido agudo en los oídos y de nuevo todo empieza a vibrar a su alrededor. Su mirada se desenfoca y es víctima de un abrumador deja vu que le alerta de lo que va a suceder a continuación. Lily va a levantarse y en el intento romperá su taza, algo que ocurre de forma exacta en los segundos siguientes. 

Esto ya lo he vivido… — susurra Angus. 

La oscuridad lo envuelve, madre e hija desaparecen y la habitación se torna más fría, más asfixiante e incluso más temible de lo que Angus puede creer. Está atrapado en el interior de una celda, con una camisa de fuerza. Tras los barrotes se dibuja una silueta femenina. El aire huele a dulce y se escucha en todas direcciones el zumbido de decenas de alas agitarse. De pronto una avispa se deposita en el rostro de Angus, el prisionero empieza a temblar y la mujer al otro lado de la barrera decide hablar.

No tema, no le picará. — dice. Tiene una voz grave pero femenina, de tono neutro y pausado. — ¿Quién le iba a decir que acabaría encerrado en una jaula, que a su vez está encerrada en una jaula mucho más grande?
¿Quién eres? — dice Angus, gritando, aunque intentando evitar cualquier movimiento brusco que pudiera asustar al insecto. 
Me llaman Meredith, ¿cómo le llaman a usted? 
Angus. — dice él. Apenas puede ver el rostro de la mujer y la curiosidad empieza a florecer. — ¿Puedo verte?

Meredith ríe con carcajadas viles y aterradoras. De pronto abre la puerta de la celda, que no había estado cerrada con llave en ningún momento, y se acerca al haz de luna que se filtra por la única ventana. Deja al descubierto su aspecto, y Angus se aterra al verlo.
Su cuerpo está lleno de huecos por el que entran y salen avispas y larvas. Es una colmena humana, y sus obreras se deslizan a su alrededor imitando la forma y textura de un bonito vestido anaranjado. Una pieza de vestir construida a base de insectos vivientes. 
El prisionero intenta liberarse de sus cadenas, pero no puede hacerlo, y Meredith se acerca cada vez más a él, terriblemente provocativa.
Cara a cara Angus puede observar la belleza que hay en el rostro de aquel ser. Unas facciones perfectas. Unos ojos avellanados rellenos de miel. Un pelo rojizo recogido en un moño perfecto de cuyo orificio salen también avispas por doquier. 

Eres un monstruo. — dice Angus temblando de miedo. — ¿Qué quieres de mí?
Ignoraré lo de monstruo. — dice Meredith, levemente ofendida. –Una palabra como esa carece de sentido si quien la dice jamás ha visto a uno. 
¡Tú lo eres! — grita Angus, presa del miedo. — ¡Tú lo eres!
¡Deja de decir que soy un monstruo! — grita ella, atestando un fuerte golpe en la cabeza a Angus. 

La voz de Meredith se escurre de entre los barrotes y el eco repite sus palabras con perfecta imitación. Agachada, frente a Angus, decide que su víctima no es lo suficientemente hábil como para entender el concepto de su nueva forma de existir, y decide ser algo cruel para adoctrinar a esa nueva alma que la Parca ha tomado prestada. 
La mujer mira a los ojos al hombre y este queda atrapado en el torbellino que acontece en su mirada. Cae rendido no mucho después, en un estado de sueño profundo, hipnotizado. 

Duerme… — susurra Meredith. — Voy a enseñarte lo que hacen los monstruos en las profundidades del sueño…


¡Yo lo limpiaré! — dice Roanne, que se levanta para recoger los cristales de la taza que Lily ha roto. Se levanta y acude a la cocina corriendo en busca de la escoba y el recogedor.

Angus se sujeta la cabeza con fuerza. ¿Cuál ha sido el origen de esa visión que acaba de presentársele? Está de nuevo en su hogar, junto a su familia, aunque tiene la extraña sensación de encontrarse a su vez muy lejos de allí.


“Duerme más profundamente…”


De pronto todo a su alrededor se transforma. Ya no está en el diminuto comedor, su cuerpo y mente se han transportado a otro lugar. Se trata de un salón grande, atestado de gente. Hay una enorme fila en la que se distinguen las figuras de Roanne y Lily, esperando a ser atendidas por la banquera. 
Se trata del General Bank of Detroit, Lily sonríe enseñando sus dientes y Angus lo observa todo desde un plano secundario.

Presta atención. — escucha de pronto tras él. Agitado observa a su alrededor y descubre el espantoso cuerpo de la mujer colmena, rodeada por el enjambre que le acompaña. — Está a punto de suceder.

Se escuchan dos disparos en el interior del vestíbulo. Ha entrado un hombre encapuchado, lleva un saco en su mano derecha y una pistola cargada en la izquierda. 

¡Que nadie se mueva! — grita ferozmente. — ¡Esto es un atraco!

Aterradas las gentes se alborotan, se tiran al suelo y corretean a lugares en los que ponerse a cubierto. El hombre enmascarado vuelve a disparar otra vez y algunas bombillas de la lámpara de araña que hay en el techo explosionan.
Angus no puede apenas moverse, grita, pero nadie puede oírle. Solo la mujer que hay tras él parece hacerlo, pero ella está decidida a no hacer nada al respecto. Observa todo lo que acontece a su alrededor impasible, como el público frío de una mala función. 
El hombre les saquea a todos, se lleva carteras, sobres repletos de billetes, relojes y joyas. Por último, se acerca a Roanne y le arranca los pendientes de brillante que cuelgan de sus orejas.
Lily, escondida bajo una mesa, tiembla descontroladamente. Está sumida en un pánico absoluto y no deja de sollozar. El hombre enmascarado la observa y esboza una sonrisa gris y rota, y se agacha para mirar bajo el mueble donde descubre a la hija de Angus escondida. 

Mira que tenemos aquí… — dice con una voz vil y agónica. 

Sujeta a la pequeña por el cuello de su bonito vestido amarillo y la saca de su guarida. Roanne observa todo con los ojos bien abiertos y el horror se refleja en su cara. 

¡Quiero que me deis todo el puto dinero de la caja fuerte! — grita el hombre enmascarado. — O de lo contrario esta hermosa niña sufrirá las consecuencias de vuestra codicia. 

Apoya el cañón en la sien de la niña y posiciona el dedo en el gatillo, preparado para presionarlo ante cualquier amenaza. Un par de banqueros obedecen las órdenes del ladrón y caminan frente a la enorme caja fuerte tras la recepción. Hay un diminuto teclado en el que debe introducirse una clave de trece dígitos, y uno de los banqueros, quizá el más asustado, empieza a teclear la clave. Le tiembla el pulso e introduce la clave incorrectamente en el primer intento. Vuelve a teclear y el pitido de error vuelve a sonar. El otro banquero, nervioso, aparta a su compañero y se enfrenta al teclado por su propia cuenta. 

0 7 1 9 9 1 1 2 1 5 X 1 4 

Empieza a sonar una alarma. La clave ha sido introducida erróneamente en tres ocasiones y eso activa el protocolo de seguridad del General Bank of Detroit. El hombre encapuchado empieza a expulsar palabras grotescas por su boca y su rabia le hace presionar el gatillo. 
Lily cae al suelo, herida de muerte, y bajo ella empieza a crecer una laguna color burdeos. Roanne grita presa de la locura y se abalanza sobre el asesino de su hija, pero este levanta el arma y vuelve a disparar. La bala impacta directamente en el pecho de esta, perforando el corazón de lado a lado.
Angus observa la terrible escena petrificado, sin poder moverse. La sangre de ambos cadáveres tiñe el lujoso suelo del lugar, y las almas de su mujer e hija se escapan del mundo de los vivos.  

¡Despierta!  — le grita Meredith. 

Abre los ojos y se encuentra de nuevo en la fría celda. Aturdido mira a su carcelera y detecta en la mirada de esta una dureza que ha tardado años en construir. 

¿Por qué me muestras eso? — dice Angus, agotado. Las lágrimas recubren su rostro al recordar la terrible pesadilla que ha vivido. Sabe, por imposible que parezca, que ha sido esa mujer la que le ha obligado a bucear en el doloroso pasado, y ver el terrible incidente en el que Roanne y Lily perdieron la vida. Se siente pequeño y débil, pero espera una respuesta por parte de la mujer. 
Necesito que tu dolor te de fuerza, Angus, por eso te lo muestro… Puedo mostrarte cuanto quieras de tu vida, de tu presente, de tu pasado, y de tu futuro… — Meredith señala la puerta abierta de la celda. — Tu lugar no es este, de nada serviría permanecer encerrado en una prisión. Yo te daré las herramientas para que salgas de ella y descubras todo el poder que tienes en la palma de tu mano…

Angus mira fijamente a Meredith. No sabe que decir, y las palabras que esta le dedica carecen de sentido. Es para él imposible encontrar fuerzas en lo que acaba de presenciar. Su pequeña hija… Y su hermosa mujer… Asesinadas brutalmente por un maniaco. 

Quisiera llevarte a un lugar, pero has de prometerme que no intentarás escapar. Allí donde te llevo se encuentra el principal motivo por el que estás aquí, ¿quieres descubrirlo?

Angus intenta hablar, pero las palabras son incapaces de salir de su boca. Meredith parece comprender a la perfección lo que Angus desea aún sin escucharlo, y procede a liberarlo de las cadenas que le oprimen el cuerpo. 

Por aquí, por favor…

Meredith sale de la jaula y Angus le sigue. Caminan por el largo pasillo, en silencio. Hay puertas a ambos lados de la pared y todas ellas tienen un pequeño cartel plateado en su superficie con inscripciones talladas con suma precisión. Los tacones que Meredith calza colisionan con las baldosas del suelo y el sonido de sus pisadas se mezclan con el eco constante de sus pisadas anteriores, pero de pronto el eco mengua y muere, y Angus descubre que Meredith ha frenado frente a una de las puertas. El hombre lee el pequeño cartel y frunce las cejas. Hay escrito un mensaje de advertencia que reza: “Entrar es salir”.
Meredith le sonríe y sujeta el pomo, para después rotarlo y abrir la puerta. Una refrescante brisa con olor a sal se cuela al interior. Se escucha también el sonido de las olas romper con la playa, el graznar incansable de algunas gaviotas, y de una melodía que se escurre torpemente de entre las cuerdas de una guitarra. 
Vamos… — le dice ella. Su rostro es exageradamente bondadoso, pero su horroroso aspecto la hace parecer una bestia de la noche. — Quiero que conozcas a alguien…

Cruza el umbral de la puerta y deja a Angus en el pasillo, y este decide continuar confiando en aquella mujer, sin ninguna razón aparente para hacerlo. Descubre que tras la puerta se oculta una bonita cala. Está oscuro y junto a la costa hay una caravana con un pequeño toldo y tres ventanas, por las que se filtra la luz del interior. El origen de la pegadiza melodía que ambos escuchan parece encontrarse en el interior de aquella vivienda, y Meredith se acerca para observar por uno de los tragaluces. Angus se acerca y ve que dentro hay un hombre tumbado en un pequeño sofá. A su lado hay una mesita de metal sobre la que descansa un diminuto paquete de plástico en cuyo interior hay un polvo azul, y también un cenicero, sobre el que hay apoyado un cigarrillo de hierba. 

¿Qué hacemos aquí? — le pregunta Angus, que parece haber recuperado la voz. — ¿Quién es él?
Dice llamarse Dante… — le responde ella con dulzura. — En apariencia es tan solo un drogadicto que vive en su caravana con sus dos perros, alejado de todo y sobreviviendo en su desesperado mundo de arpías. — algunas avispas se depositan sobre la ventana, atraídas por la luz, y Meredith las observa con sus preciosos ojos avellanados. — ¿Ves sus fuertes manos? ¿El modo en que sus dedos se deslizan por las cuerdas de su guitarra? ¿Lo ves, Angus? ¿Lo ves?
¡Sí! — responde él. Está empezando a ponerse nervioso.
Pues esas mismas manos, querido, son las que mataron a tu familia…




Algo aturdido por el alcohol ingerido el señor Uku ya tiene el valor suficiente como para enfrentarse a la Parca. Decide acudir a los ascensores que le llevarán a la azotea del Hotel Connery Hills, y durante el interminable ascenso medita cuales son las palabras que le dedicará a la muerte nada más verla. Se observa en el espejo de cuerpo entero y adopta varias poses para verificar cuál de ellas resulta más agresiva, y tras decantarse por un par que pueden dar resultado espera a que el elevador lo lleve a su destino. 
Al abrirse las puertas de metal siente un frío desgarrador acariciar su rostro. Desde las alturas se observa un cielo sin nubes, un espacio libre de obstáculos que ofrece una visión plena de la atmosfera. Sentada frente al abismo, en los bordes del edificio, se encuentra el cuerpo esquelético del ente con el que tiene intención de reunirse el señor Uku. La Parca balancea sus pies sin ningún tipo de temor, a sabiendas que la caída frente a ella es kilométrica y que el duro asfalto espera al final de dicho precipicio. 
El señor Uku nota el nudo en su garganta mucho más grueso de lo que esperaba tener, y sus palabras salen a trompicones de su boca, imposibles de entender. La Parca, alertada de la presencia de alguien, mira hacia atrás y ve la dichosa alma a la que tiene que despedir. 

Le estaba esperando, ¿porque no se sienta a mi lado? 

Da pequeños golpecitos al zócalo que hay a su derecha esperando que el hombre acepte su invitación. Este decide acompañar a la muerte después de vencer la opresora sensación de vértigo que le apremia, y una vez sentado se sorprende al observar que las nubes se encuentran bajo sus pies. 

¿Tan alto es este hotel? — pregunta el señor Uku, atónito. 
Así es, aunque hay demasiadas habitaciones desocupadas que llevan siglos sin alojar un huésped. — maldice la Parca en voz baja. — ¿Qué sientes en estos momentos, señor Uku?

En la lejanía empieza a salir el sol. Su luz ilumina la atmósfera y tiñe de azul eléctrico la oscuridad que les rodea. Hay una ligera brisa que agita los flecos de la túnica de la Parca, deshilachados por el tiempo y el uso, y el señor Uku no puede evitar lagrimear ante tal escena.

Es como estar en el cielo. — le dice. — Aunque con la peor compañía posible.

Ambos ríen como viejos amigos, la Parca rodea con su huesudo brazo al señor Uku y acerca su esquelético rostro al de su acompañante.

Me has vencido. Pensé que tardarías algo más en conseguirlo, pero has sido tan veloz que apenas he podido hacerme a la idea de que lo has logrado… — en su voz hay tristeza y rabia contenida. —. ¿Estás contento? 
Aunque no lo creas siento algo de nostalgia... Como si una parte de mí no estuviera preparada aún para marcharse. Este lugar tiene cierto encanto que acaba por conquistarte, pero hay algo que me impide continuar aquí. 
¿Qué es eso que te lo impide? — pregunta la Parca curiosa.

El sol ha empezado ya a decrecer. El breve amanecer dura apenas unos minutos y el astro se funde en el horizonte, tornando el cielo de un color rojizo y anaranjado.  Las nubes que hay bajo ellos son negras y ambos pueden escuchar los relámpagos de una tormenta que está aconteciendo a un nivel inferior del que se encuentran. La Parca parece abrazar al señor Uku, esperando su respuesta,

Lo que me impide estar aquí, Parca, es que tengo ganas de vivir. 



TO Be cOnTiNuEd...

Aprovecho para ir dejando canciones que han inspirado la historia. Gracias a Sebas por recomendarme esta que dejo aquí adjunta. Brillante canción extraída de la BSO de Silent Hill: Shattered Memores. 

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5 comentarios

  1. La historia ha llegado al punto en el que no podía apartar la vista del texto, de temer por el destino de Angus, de pensar en que hará el señor Uku, de maravillarse con Meredith...
    Has logrado una continuación conmovedora, y realmente no quiero que se acabe, porque, y esto lo digo desde lo más profundo del corazón, hacía mucho que una historia no me llegaba tan dentro.
    Muchísimas gracias por compartirla con nosotros, tus impacientes seguidores.
    Un beso
    Lena

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    1. Muchísimas gracias Lena! No te imaginas lo feliz que me hacen tus comentarios, pero este en concreto me ha dado la vida!! Agradezco enormemente que me leas, te lo digo desde lo más profundo de mi corazón.
      Un beso enorme!

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  2. El relato continúa intrigante y bastante crudo, me pregunto qué sucederá con Angus, no sé pero pareciera haber acabado en donde menos pertenece, aunque viendo como avanza la historia, su final parece el menos esperanzador, cosas de la vida! O será la muerte? Me ha encantado!

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  3. El final *______________________________*
    Y una de tus canciones para el relato es de Silent Hill. Mira, yo me declaro ya fan de la vida y todo. Me está gustando MUCHO, Mike, en serio. A mí me dices que esta historia la conviertes en novela y arranco cabezas para comprarla. Es muy visual, ¿sabes? Y echo mucho de menos esa cualidad en la mayoría de las novelas que leo. Cuando la encuentro flipo y me divierto leyendo como una enana.

    Un besico. Seguiré leyendo =)

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    1. NJIFEWBIFNWOIGEKNWPGVK!!
      Que genial que te guste! Lo cierto es que viniendo de ti es todo un cumplido. Muchísimas gracias por continuar leyendo :P
      Un abrazo enorme!!!

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